La voz que no se escucha, la escena que no se ve

  • Redacción y edición: Carlos

La vida cotidiana no es esa que propaga el PCCh en sus medio de comunicación oficial.  Para entender la realidad de cómo viven los chinos, aquí escogemos un escrito anónimo en en medio social donde nos cuenta un joven:

Ya lleva más de 10 años viviendo en Zhengzhou luchando por la vida en el eslabón más abajo de la sociedad. Estuve de  camionero, repartidor a domicilio, también de conductor designado.  Hace unos años compré un auto, y estuve como conductor de Uber, y el ingreso realmente fue insuficiente para mantener la familia.  Ahora tengo una hija de 9 años,  mi mujer no trabaja, para poder cuidar la casa. Mi madre tiene la edad avanzada y vive con nosotros.  Tuve que rentar una casa de dos dormitorios con una estancia  abierta para todos los propósitos.  Soy el único que aporta económicamente a esta familia. Ni he tenido ningún día de descanso.  Esto es para empezar.

La casa rentada está situada en la calle Gaoshan Nan Lu  dentro de la comunidad de viviendas reubicadlas.  Vivimos en el primer piso.  Hace poco sufrimos la inundación, y tuvimos que ser trasladados a un lugar seguro temporalmente.

La semana pasada acabamos de regresar a nuestra casa.  Y estuvimos haciendo la limpieza de la vivienda cuando nos cayó la noticia del rebrote en el fin de semana.  En este conjunto de 27 secciones algunas ya han sido confinadas por la pandemia.  Yo sigo manejando mi auto para dar servicio de transporte privado, mientras prestaba constantemente la atención sobre el desarrollo del rebrote siempre con el temor que nos vaya a cerrar nuestra sección donde vivimos, pues sin trabajo, no tendría ingreso para atender las necesidades de la familia.

Salí a trabajar en la mañana que todo estaba normal.  Pero a medio día recibí la llamada de mi mujer avisándome que nuestra sección ya ha sido cerrada prohibiendo salida de gente.  Mi mujer me pidió que regresara pronto con el mandado.  Sin embargo, mi decisión era de no regresar a la casa. Así podría yo seguir trabajando, y pasaría yo la noche en el mismo vehículo. Así por lo menos puedo seguir generando ingreso, mientras los demás de la familia pueden estar seguros y cómodos en la casa.

No hay razones para correr el riesgo de regresar a la casa, porque no hay nada seguro de que pronto libremos de este confinamiento.  Somos cuatro que tenemos que comer, apartes tengo que pagar la renta. No puedo dejar la única fuente que me permite tener mi ingreso.

Hace un par de días hice la prueba y me han salido negativo.  Yo uso la cubrebocas en el auto todo el tiempo. Cada ve que baje un cliente, yo hago la desinfección cuidadosamente a todo el interior del auto. Más que por la seguridad de los clientes, lo hago por la seguridad y la ganancia de mi familia.

Mi mujer no deja de decir: cuídate y regresas pronto.  Yo le digo siempre: lo hago por uds. Estoy para proteger a todos Uds. por su seguridad, por sus vidas.

En este escrito tan simple se esconde mucha realidad cruda y emotiva.  La lucha de la ciudadanía desde la trinchera de cada uno, es honesta e incansable que está llena de desafío.  Esta pandemia va destrozando la vida de muchas familia silenciosamente.  ¿Quién es el demonio que ha venido a hacer tanto daño y romper la paz del mundo?  ¿Quién?

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